Qué es normal y cómo acompañarlos
Los primeros pasos son uno de los momentos más esperados por las familias. Cuando llegan, se celebran; cuando tardan un poco más, pueden generar preocupación. Sin embargo, es importante saber que el desarrollo infantil no sigue un calendario exacto. Cada niño tiene su propio ritmo.
Durante la primera infancia (0-12 meses) el bebé va preparando su cuerpo para caminar, aunque todavía no lo haga. Primero aprende a sostener la cabeza, después a girarse, sentarse y, en muchos casos, gatear. Poco a poco comienza a ponerse de pie sujetándose a los muebles. Todo este proceso es fundamental, porque fortalece los músculos y mejora el equilibrio. En esta etapa no hay que “enseñar a caminar”, sino permitir que el niño se mueva libremente y explore.
En la etapa de inicio de la marcha (12-18 meses) suelen aparecer los primeros pasos sin ayuda. Algunos niños caminan cerca del año, otros lo hacen más adelante. Hasta los 18 meses entra dentro de lo normal. Lo importante no es compararlo con otros niños, sino observar que progresa, que intenta desplazarse y que muestra interés por moverse.
En la primera infancia tardía (18-24 meses) la marcha se vuelve más segura. El niño gana estabilidad, empieza a correr, a subir pequeños escalones con ayuda y a moverse con mayor confianza. Cada día que practica mejora su coordinación.
En cuanto a la estimulación, lo más beneficioso es lo más sencillo: tiempo en el suelo, espacio seguro para moverse y, siempre que sea posible, ir descalzo. Esto ayuda a fortalecer los pies y mejora el equilibrio. También es positivo colocar juguetes un poco alejados para animarlo a desplazarse por sí mismo.
Por el contrario, los andadores con ruedas no son recomendables. No ayudan a caminar antes y pueden interferir en el desarrollo natural, además de aumentar el riesgo de caídas. Tampoco es conveniente forzar al niño a dar pasos si aún no está preparado.
Caminar es un proceso natural que necesita tiempo, práctica y confianza. Acompañar con paciencia, sin prisas ni comparaciones, es el mejor estímulo que podemos ofrecer.
